jueves, 2 de noviembre de 2017

Amelia y el guardián de fuego.

En un universo, no muy lejano, repleto de flores y colores danzantes, había una pequeña guerrera. Piel de soles, caliente como la lava, ojos color leyenda, de cabellos libres y frenéticos que se elevaban al cielo en elegante disonía. Ella poseía la más bella voz, dulce, dulce, de especial resplandor. Pasaba sus tardes cantando, alzando su voz entre estrellas y mares. Un día, sin razón, comenzó a caminar y caminar, ella no comprendía muy bien la fuerza que la hacía moverse, pero tampoco podía detenerla. La luz del día comenzó a perderse en el horizonte, pero nada hizo que la pequeña guerrera detuviera su paso. Las tinieblas se abalanzaban sobre ella, un firmamento sin estrellas se cernía sobre su cabeza. Aún en la penumbra, sus oídos se llenaban de sonidos especiales, de canciones distantes. No sentía miedo, al contrario, una gran paz la inundaba cuando escuchaba aquellas voces lejanas. Entendió de repente hacia donde se dirigía, aquel reino que ya había olvidado pero que llevaba marcado en el alma. Ese, su reino, su casa, donde el guardian de fuego la aguardaba. Compañero fiel de tantas batallas, infalible felino, obsequiado por los dioses para marchar con ella.

Ellos se habían separado en el ocaso, destino fatal de los atardeceres, pero fresca brisa que florece para nacer nuevamente, el viento les elevó cual hojas de abedul, flotando delicadamente y juntándolos irremediablemente. Ambos, guerrera y guardián, ambos candentes y luminosos, emprendieron de por vida un camino de aventuras, iluminando el mundo con sus almas.

martes, 6 de diciembre de 2016

Navegando

Las cabezas pesadas como anclas,
hundiéndose en las botellas sin mensajes,
en los papeles en blanco,
en los retratos sin alma.

Las miradas perdidas,
lejanas del mundo,
ausentes de los ojos,
faros que no alumbran ninguna costa.

Los marineros ya no saben llegar a puerto,
las costas, los hogares,
son ya meros espejismos,
para los que navegan ese mar.

No se miran, no se tocan,
Son menos que las rocas.
No se aman, no se sienten,
Son apenas sombras silentes.


miércoles, 21 de octubre de 2015

Guerra

Un día cualquiera
la aurora de tus caminos
apareció flotando frente a mis ojos,
de inmediato se despertó en mí el deseo de colonizarlo todo.

Recurrí a las tácticas de los grandes,
estudié los flancos,
analicé la batalla,
armé una estrategia detalla y solemne,
una campaña napoleónica,
una invasión alejandrista.

Fui lentamente navegando por tus ríos,
aprendiendo de memoria los senderos secretos;
creí haber planeado certeramente la victoria.

Pero no contaba con tu ejercito
vestido de fantasmas y de noches en velo,
no sabía de las bombas de silencio
y ciertamente no esperaba una muralla de desconsuelos.

Mis tropas fueron cayendo
una a una sin remedio;
la lucha se volvió masacre
y la conquista se tornó en flagelo.

Tus valles y colinas se convirtieron campos minados,
y yo evadí tercamente el repliegue,
como el orgullo lo prefiere;
me atrapaste en medio de tus tierras,
finalmente solo quedó este prisionero de guerra
sonriendo tontamente desde el fondo de su celda.




sábado, 6 de septiembre de 2014

Monstruo

No es un monstruo cualquiera,
no conoce la vergüenza ni el miedo,
es intrépido y descarado,
dulce e irresistible.

En definitiva no teme arrancar de otros labios un beso
no sabe de prejuicios, de rencores o sinsabores.
Es una sombra gris que atropella la consciencia,
un viento incontrolable, un huracán.

Me ataca, se apodera de mi en medio del silencio,
en medio de la tonada más cálida de un piano,
es una caricia que se escapa,
un gemido que se vuela desde el pecho.

Es un monstruo, sin duda, que secuestra mi esencia,
que estremece mis deseos,
repta por las esquinas de la memoria y salta sobre mi.

Es a él a quien debo el calor de mis miradas,
el candor de mis sueños,
la turbia inconstancia de mis bloqueos.

Creo que hasta el fin de los tiempos,
de los míos al menos,
seremos mi monstruo y yo
eternos compañeros.

domingo, 13 de julio de 2014

Renuncia

No es que lo entienda en realidad,
simplemente dimito, sucumbo, me rindo.
Y no pienses que es a ti a lo que renuncio,
si es que no se puede renunciar a los trocitos de sueños.

No creas que soy obstinada y necia,
si es que las pasiones no admiten camisas de fuerza,
no conocen los silencios ni permiten abandono,
sólo las calla el rugido indemne del amor...

Huyo con mis manos llenas de todos los besos que te guardé,
corro sin mirar atrás para no quedar congelada en un pasado que no fue,
 te dejo en ese estallido de felicidades que no nacieron,
con la desazón de saber que hay más llaves detrás de la puerta.

Mil veces te abrazaré en mis pensamientos,
con la esperanza tibia y espesa de que te quedes a vivir entre mis brazos,
mil veces le pronunciaré tu nombre al viento,
guardián secreto de mis desconsuelos.

Y en una noche cualquiera,
le pediré a las estrellas que nos dejen tocarlas,
les contaré esta historia joven pero inerte,
a ver si destierran de mis besos tu boca.



sábado, 24 de agosto de 2013

Mentiré

Por tu nombre negaré mi amor y mis ojos apagarán su luz para que ninguna otra alma tome este camino, diré que el pasado ya todo se lo llevó y que los días venideros ya no tienen el candor de la incertidumbre. Mentiré, sin arrepentimiento, por tu amor que no es mío, y para que el mío viva en silencio. Para que no sospeches que en mi pecho estalla una fiesta cada vez que en la mejilla me besas, secaré los jardines que había sembrado para nuestras primaveras y le echaré la culpa al tiempo por los senderos tallados sobre tu ausencia. Echaré llave a la cabaña que construí para escaparnos y diré al viento que ya no me traiga más tus sueños. Taparé éste sol de mi amor con mis dedos, si es que alcanza, y a la delgada lucecilla que se escape la bautizaré como al olor de tu piel, la persistente, intrepida combatiente del olvido pero actuaré como si no la viera, como si no la conociera, para que un día entiendas que por tu amor me disfracé de indiferencia.

No es cuestión de tiempo

No es la convicción actuaria que el magnanimo poder de las horas se llevará la verdad del alma, más allá del andar ineludible de los días, hay imágenes que no se borran de la memoria, sabores que viven en la boca, olores que viajan de este a oeste, al acecho, para saltar sobre nosotros en las noches de fría añoranza. 

No es la desdeñosa lejanía lo que apaga las luces y se traga la esperanza, es el ignoto dominio de la cobardía, el espejo fiel del temor de los hombres, la sacrílega invidencia de los seres sobre lo que necesitan.

Así, lo repito como un juicio, no es cuestión de tiempo, es cuestión de amor.