martes, 6 de diciembre de 2016

Navegando

Las cabezas pesadas como anclas,
hundiéndose en las botellas sin mensajes,
en los papeles en blanco,
en los retratos sin alma.

Las miradas perdidas,
lejanas del mundo,
ausentes de los ojos,
faros que no alumbran ninguna costa.

Los marineros ya no saben llegar a puerto,
las costas, los hogares,
son ya meros espejismos,
para los que navegan ese mar.

No se miran, no se tocan,
Son menos que las rocas.
No se aman, no se sienten,
Son apenas sombras silentes.


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